Difícil analizar con precisión lo ocurrido en el Eden Park de Auckland, Nueva Zelandia. El duelo entre Chile y Cabo Verde tuvo tres partes bien definidas: hasta la expulsión del zaguero Borges; el gol del empate regalado por el muy precario golero Vozinha y el resto del juego donde el once de Córdova pudo dominar y cerrar el marcador con claridad.
En la primera parte, once contra once, Cabo Verde fue muy superior a Chile. Esto no admite réplica. Veloces, con excelente circulación, abriendo la cancha y generando acción por las bandas. Mendes hacía sufrir a Suazo con sus arremetidas por la derecha, Lenini era dueño del mediocampo con una excelente técnica y gran visión de juego, Livramento aguantaba la pelota… los dirigidos de Córdova no la agarraban. Pero intervino por primera vez la falta de experiencia de los africanos: un pique a tierra fue aprovechado por Echeverría quien le puso un balón con ventaja a Brereton mientras la defensa caboverdiana estaba pajareando. Ben definió de zurda. 1-0 a los 16’.
Reaccionó Cabo Verde y fue toque. Chile la perdía y no era capaz de meter tres pases seguidos. Cepeda fantasma total, Garguez superado por su sector, Echeverría desbordado. Vino el empate a los 21’, gran desborde de Lopes Cabral y Livramento definió a bocajarro. Luego Vigoroux salvó un remate claro. La Roja no la tenía, Cabo Verde la superaba en todo. Entonces vino una mano de Borges fuera del área cuando Brereton picaba al arco y el juez neocelandés echó al zaguero africano por interpretarla como jugada inminente de gol. Pese a tener un jugador menos, Cabo Verde puso el 2-1 con un golazo de Lopes Cabral (45+3).
En el complemento parecía que las cosas no variaban. Diez contra once, Cabo Verde era más ordenado, se defendía bien y hasta generaba peligro con la potencia y enormes zancadas de sus volantes. Pero vino otra jugada clave: a los 58’ un balonazo largo de Vicente Pizarro, el mejor de Chile, encuentra a Maxi Gutiérrez a 40 metros del arco y el arquero Vozinha sale a achicar de manera absurda, digna de un jugador de barrio. El delantero de Independiente sólo tuvo que levantar la cabeza y pegarle al arco para empatar.
Con el 2-2 se desarmó Cabo Verde y el partido. Vinieron muchos cambios de lado y lado. Desde esos cambios llegó el tercero de Chile. Jugada de Osorio por la derecha que Felipe Loyola definió con un remate bajo (67’). Y para cerrar una tarde negra, Vozinha se enredó con sus defensas centrales y permitió que Chandía le robara el balón para que Gonzalo Tapia anotara el 4-2. Un triunfo que se ve mejor en los números que en el juego.