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Por Rodrigo Vargas Olguín · 1 min
Este martes arranca la fase de liga del torneo de clubes más importante del viejo continente. Acá la lluvia de millones que rodea el torneo.

La UEFA Champions League 2025–26 arranca con la vitrina de siempre: los himnos, los estadios repletos, las estrellas más brillantes del fútbol mundial. Pero detrás del césped hay otra realidad que marca el pulso de la competición: el dinero. Nunca antes la Liga de Campeones había movido tantas cifras, y nunca antes había estado tan clara la pregunta de fondo: ¿es este el mayor torneo de clubes del mundo… o el mayor negocio disfrazado de fútbol?
La industria que rompe récords
Los números hablan por sí solos. Para esta edición, la UEFA repartirá cerca de 2.500 millones de euros en premios directos a los clubes participantes. Sólo por llegar a la fase de liga, cada institución se asegura casi 19 millones de euros, más lo que pueda sumar en bonificaciones por victorias y empates. El campeón, si logra encadenar resultados desde la fase inicial hasta la final, puede rozar los 120 millones de euros en ingresos UEFA.
Para muchos clubes, esa cifra significa un año entero de presupuesto cubierto. Para los gigantes, se trata de combustible para sostener plantillas de lujo y seguir inflando la burbuja de salarios y fichajes.
Derechos de TV: la verdadera joya
El motor de todo este engranaje son los derechos de televisión, vendidos a precios estratosféricos en cada rincón del planeta. En mercados como Inglaterra, Alemania o Estados Unidos, los contratos alcanzan cifras multimillonarias, mientras plataformas de streaming como Amazon irrumpen con paquetes exclusivos, creando un nuevo escenario: más interactividad, más datos en pantalla… pero también más fragmentación.
El resultado: la Champions llega a millones de hogares, pero cada vez exige más bolsillos dispuestos a pagar múltiples suscripciones. La final sigue siendo un fenómeno global con audiencias de decenas —cuando no centenas— de millones de espectadores, pero el acceso se vuelve cada vez menos universal.
¿Quién gana y quién pierde?
Está claro quiénes salen mejor parados. Los clubes grandes no sólo reciben los premios más altos, sino que multiplican esa exposición con patrocinadores globales, merchandising y giras internacionales. Para los medianos, el ingreso fijo de la fase de grupos es un salvavidas económico. Y para la UEFA, el torneo es la gallina de los huevos de oro que permite financiar otras competiciones y programas de solidaridad.
Pero hay una pregunta incómoda: ¿qué pasa con el espíritu deportivo? La brecha entre ricos y modestos crece temporada tras temporada, y el nuevo formato de 36 equipos parece diseñado más para vender partidos adicionales que para equilibrar la competencia.
El riesgo de un fútbol corporativo
La Champions League es hoy un producto global de entretenimiento, quizá más cercano a una franquicia que a un torneo deportivo. La espectacularidad está garantizada, pero a costa de un modelo que amenaza con ahogar la meritocracia: los grandes se hacen más grandes, los pequeños apenas sobreviven, y el aficionado paga la cuenta con entradas caras y suscripciones fragmentadas.
La pregunta es si el fútbol puede sostenerse en esta lógica sin perder lo que lo hace único: la ilusión de que un club humilde pueda desafiar a un gigante y sorprender al mundo. Si el negocio sigue devorándolo todo, la Champions seguirá siendo un espectáculo brillante, sí… pero tal vez deje de ser fútbol en su esencia.
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