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Por La Hora de King Kong · 1 min
El ex presidente del Sifup hace un balance de un extenso período al frente del gremio donde vivió en primera fila profundo cambio económico del fútbol chileno: "Estábamos siempre amenazando: si esta norma no la sacan, hacemos huelga”.

Después de perder la elección en el Sindicato de Futbolistas Profesionales el 2016, Carlos Soto Olivares (60) ejerció un tiempo como abogado, tuvo una breve pasada como representante –“Fue para ver qué tal era. Aprobé el examen FIFA, fue una etapa muy breve que en realidad no me gustó”, cuenta- y ahora trabaja en la Municipalidad de La Reina. Sin relación alguna con la actividad, el ex jugador de Universidad Católica, Temuco y Osorno, entre otros, mira con mucha tranquilidad sus dieciocho años al frente del gremio.
-Te tocó ser el presidente del Sifup con la Generación Dorada en su esplendor.
-Me tocó la etapa más linda del fútbol chileno y creo que no se va a repetir. Desde 1997, después de la huelga grande, tomé la posta de Carlos Ramos. La gente hoy no tiene idea. Antes los problemas por los que se paralizaba el fútbol eran basales: que no pagaban cada treinta días, no pagaban las cotizaciones previsionales, a los jugadores los excluían de los entrenamientos por cualquier cosa. Y entonces, los jugadores estrella, los cracks, empatizaron con sus compañeros. Hablo de la generación dorada completa, porque yo la cuento desde el 98.
-Ahí se metió el Estado a favor de los jugadores
-Empezó el año 1997 cuando presentamos como Sifup y Colegio de Entrenadores y convenio colectivo. Entonces no estaban obligados los empleadores a negociar. Era una locura lo que estábamos haciendo. No aceptaron. Obligamos que los clubes se hicieran responsables de los sueldos con una fianza solidaria. No aceptaron. Y ahí empujamos con la ley de Sociedades Anónimas Deportivas. Los jugadores españoles, argentinos y brasileños nos ayudaron con varias cosas. Por ejemplo, nos metimos con la violencia creciente de las barras.
-¿Cómo fue?
-Obligamos por reglamento a los jugadores a que no entregaran más camisetas ni más dinero a los barristas. Había jugadores que le pagaban a la barra para que gritaran su nombre. Otra cosa importante fue regularizar los contratos, se acabó que los jugadores cobraran cada tres meses. Hoy lo que más hay es plata.
-Pero el 2025 las Sociedades Anónimas Deportivas están en una profunda crisis y la ANFP prácticamente en la quiebra.
-Nadie se imaginó que los representantes iban a controlar las sociedades anónimas. Nosotros pensábamos el 2005 que los dirigentes antiguos como Alonso, Abumohor, Bloise, Swett se iban a quedar. Pero se aburrieron, recuperaron lo que invirtieron y se fueron. En su momento, las SADP fueron una solución para los jugadores porque cumplieron con sus obligaciones, pero gran parte de la solidez la dio el CDF, el invento de Reinaldo Sánchez y Jorge Claro. Nadie pensaba que iba a tener el éxito económico que tuvo y es el gran sustento de los clubes.
-Está complicada el fútbol. Hoy no pagas los sueldos y pierdes los puntos.
-Nosotros no teníamos el reglamento tan duro. Metíamos presión de cualquier manera, paros, huelgas… Pero no sólo lo hacían las figuras, los conocidos, eran los anónimos los más activos, los que uno nunca ve. Me acuerdo Ricardo Farías de Ovalle, nadie sabía, Beltrán de Iquique, Milton Flores de Ñublense eran capaces de convencer a los otros. Estábamos siempre amenazando: “Si esta norma no la sacan, no jugamos”. Y así se materializó el poder y el reconocimiento del futbolista profesional.
-¿Cuándo hubo el conflicto de los premios por la clasificación al Mundial 2014 fue el momento más difícil?
-Reclamaron varios jugadores como Nicolás Peric, Campos Toro, Fernando Meneses que habían estado en el proceso y no recibieron el premio. Lo mejor fue que el mismo Sergio Jadue en su computador me dijo “¿A ver cuáles son los jugadores?”, abrió una Excel y lo arregló al tiro. Las figuras a la larga entendieron. Ellos, en ese tiempo, tenían todo el poder.
-Cuando perdieron la elección con Gamadiel García hubo una campaña bien fuerte contra ustedes, que se dedicaban a regalar Biblias con plata del Sifup.
-Si tuviera que justificarme diría: “Oye, hay empresas que regalan botellas de wiski, botellas de vino y son los regalos institucionales y nadie dice nada”. Nosotros en un período regalamos Biblias a jugadores que venían. No arrepiento de haber hecho eso, ya lo hice y lo que intenté fue hacer el bien.
-¿Qué opinión tienes de la actual directiva de Gamadiel? Ellos les tocó recibir el porcentaje de la venta del CDF.
-Y eso se debió a todo lo logrado mucho tiempo para atrás. Porque esos derechos de imagen están consagrados en la ley del futbolista del 2007. Lo celebro, es harta plata, no sé con certeza, pero es como un millón de dólares por año. Estoy lejos de la administración y a nosotros no nos tocó eso. Teníamos que hacer partidos a beneficio ¡Por algo trajimos a Maradona! De Gamadiel no tengo opinión. Estoy muy lejos. Entiendo el cargo, es muy difícil. Que le vaya bien no más.
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