El Balón de Oro, creado por France Football y el visionario Gabriel Hanot, debutó el 18 de diciembre de 1956 con Stanley Matthews como primer ganador. En sus inicios, fue un premio exclusivo para europeos en ligas europeas. Esa regla cerró la puerta a genios como Pelé y Diego Maradona, evidenciando que la grandeza del fútbol no cabía en un solo continente.
El paso a la globalización llegó en 1995, cuando George Weah rompió la barrera y se convirtió en el primer africano en levantarlo. Luego lo siguió Ronaldo, que puso a Sudamérica en la mesa. Desde 2007, la estatuilla dorada pertenece al mundo entero.
Entre 2010 y 2016, la FIFA se sumó a la fiesta con el “FIFA Balón de Oro”, pero el matrimonio duró poco. El divorcio devolvió a los periodistas la exclusividad del voto y abrió la batalla contra “The Best”, su competidor directo.
La era que definió al premio fue la de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Entre 2008 y 2023 se repartieron 13 de 16 trofeos, convirtiendo la gala en un espectáculo global. Messi rompió todos los registros con 8 coronas; Cristiano lo siguió con 5. Ninguna rivalidad llevó el premio a tanta exposición.
Pero el Balón de Oro también es polémica. Desde el triunfo de Matthias Sammer sobre Ronaldo en 1996, pasando por la derrota de Andrés Iniesta y Xavi en 2010, hasta las acusaciones de presiones al PSG en 2021 o la discusión por la victoria de Rodri en 2024 sobre Vinicius Jr., la estatuilla siempre estuvo rodeada de controversia.
Las últimas reformas, como el cambio de calendario a temporada (2022) y la reducción de votantes, buscan devolverle credibilidad. Además, la gala se diversificó con el Balón de Oro femenino, el Trofeo Kopa, el Yashin y el Sócrates, ampliando el horizonte más allá de los delanteros.
Hoy, pese a las críticas, el Balón de Oro sigue siendo el sueño dorado de cualquier futbolista. Su fuerza está en lo mismo que lo hace vulnerable: el debate eterno sobre quién fue el mejor. Y esa discusión, como el fútbol mismo, nunca tendrá fin.