La posible salida de Lucas Assadi desde Universidad de Chile hacia Atlético Mineiro ha entrado en una fase caliente de negociaciones. La U exige un mínimo de 5 millones de dólares por su mediocampista ofensivo, el valor más alto que hoy tiene en el mercado, y Mineiro ha subido su oferta desde 3 hasta cerca de 4–4,5 millones en las últimas semanas, aunque aún sin alcanzar el piso fijado por Azul Azul.
Sobre el papel, la cifra representa un ingreso significativo para la concesionaria azul, especialmente si se considera que Assadi termina contrato a fines de este año y podría marcharse libre a mediados de 2026 si no renueva. Pero al evaluar al vecino comprador, las alarmas se encienden más allá del número final.
Atlético Mineiro llega al mercado no como un club en euforia, sino como una institución que acumuló tensiones deportivas y económicas en 2025. Tras repetir un dominio local sin trascender en torneos nacionales e internacionales, el club terminó excluido de la pelea por Libertadores y con un clima interno crispado que derivó incluso en protestas directas de hinchas a referentes como Hulk y Bernard fuera del centro de entrenamientos. Esto refleja un descontento profundo de la afición con el rumbo del proyecto.
La dimensión financiera es otro factor que frena entusiasmos: Mineiro arrastra deuda elevada y ha tenido dificultades para cumplir puntualmente con compromisos financieros, incluidos pagos a otros clubes y, según reportes recientes, deudas aún vigentes con Palestino por la transferencia de Iván Román, cuya falta de pago terminó en una demanda ante FIFA. Parte de la oferta por Assadi —por ejemplo, 4,5 millones de dólares— habría sido planteada en pagos fraccionados en hasta 10 cuotas, algo que la U rechazó por considerar poco seguro frente a la coyuntura del club brasileño.
Ese combo de condiciones —rendimiento irregular, crisis de expectativas, tensiones con las barras y dificultades de liquidez— impacta directamente en la valoración del traspaso. La venta de Assadi a Mineiro podría sacar a la U de Chile de una situación contractual delicada, pero también expone al jugador a un contexto de elevada inestabilidad, donde el foco no está en construir proyectos a mediano plazo sino en apagar incendios cotidianos.
Más allá de los millones sobre la mesa, la pregunta para Universidad de Chile es si la urgencia por capitalizar a su jugador más exportable justifica enviarlo a un club que hoy mismo lidia con deudas, conflictos y una hinchada desencantada, elementos que podrían condicionar negativamente la evolución de una de sus mayores promesas futbolísticas.