Aníbal Mosa volvió a mover el tablero en Blanco y Negro. El empresario presentó una segunda Oferta Pública de Acciones (OPA) con el objetivo de tomar el control de la concesionaria que administra a Colo Colo, en una operación que vuelve a confirmar su decidida intención de consolidarse como el actor dominante en la propiedad del club.
De acuerdo con la información publicada por La Tercera, la operación contempla la compra de hasta 61.186.470 acciones Serie B, cifra equivalente al 61,18% de esa serie, a un precio de $162 por papel. En términos totales, el monto de la oferta asciende a $9.912.208.150, es decir, cerca de US$10 millones, siempre y cuando se concrete la adquisición del total de las acciones ofrecidas.
El documento de la oferta es explícito respecto del alcance de la maniobra. Allí se establece que “el monto total de la oferta asciende a la suma de $9.912.208.150, siempre que se concrete la adquisición del total de las Acciones Ofrecidas”. A la vez, se precisa que esta se extiende “al total de las 61.186.470 acciones de la Serie B, que representan un 61,186% del capital de dicha sociedad”. Se trata, por lo tanto, de una ofensiva de gran envergadura, con la que Mosa intenta dar un salto definitivo en la estructura de propiedad de Blanco y Negro.
La operación estará vigente por 30 días corridos, entre el 22 de abril y el 22 de mayo de 2026, considerando la hora de apertura y cierre del mercado bursátil. Además, el resultado de la oferta será informado al tercer día contado desde la fecha de su vencimiento. En los hechos, ese plazo marcará un nuevo momento decisivo para el futuro de la concesionaria y, por extensión, para la conducción política de Colo Colo.
Pero más importante que el monto o el calendario es el objetivo estratégico que acompaña esta nueva arremetida. Según se consigna en el documento, la finalidad de la oferta es “alcanzar una participación accionaria que permita al Oferente consolidar una posición de control en la Sociedad”. Luego agrega que dicha posición permitiría “facilitar la toma de decisiones estratégicas y promover una gestión coherente y de largo plazo, en beneficio del desarrollo institucional y financiero de la Sociedad”.
La nueva OPA, además, reabre una disputa que ha marcado la vida interna de Blanco y Negro durante años. Porque esta no es la primera vez que Mosa intenta quedarse con el control de la concesionaria. A comienzos de este mismo año, el empresario ya había desplegado una primera ofensiva con ese mismo propósito. En esa oportunidad, su aspiración era adquirir un 30% adicional de la propiedad para alcanzar el 66,01% de la sociedad, porcentaje que le habría permitido un dominio prácticamente absoluto.
En ese primer intento, el precio ofrecido fue de $150 por acción, valor que representaba un 61% por sobre el precio de mercado, en una señal clara de la agresividad con la que estaba dispuesto a enfrentar la operación. Sin embargo, el resultado estuvo muy lejos de sus expectativas. Mosa solo logró adquirir el 9,17% de las acciones que buscaba, lo que se tradujo en un incremento de apenas 2,75% en su capital.
El saldo final de aquella maniobra fue insuficiente para alcanzar el objetivo político y societario que perseguía. Tras ese proceso, su participación llegó a 38,8%, porcentaje que, aunque relevante, quedó muy distante del control absoluto que pretendía obtener. La propia comunicación de la operación anterior lo dejó establecido en términos categóricos: “En razón de lo anterior, el oferente pasa a ser titular directa e indirectamente, a través del Fondo de Inversión Privado Parinacota, de la cantidad de 38.813.529 acciones serie B de la sociedad, representativas del 38,813% del capital de la sociedad, no alcanzando el control de la sociedad”.
Ese antecedente es fundamental para entender la magnitud de la nueva jugada. Esta segunda OPA no aparece como un movimiento aislado, sino como la continuación de una estrategia persistente de Mosa por reordenar el mapa de poder en Blanco y Negro a su favor. Lo que no logró en la primera ofensiva, ahora intenta conseguirlo con una apuesta más amplia, con un mayor volumen de acciones ofrecidas y con una estructura pensada para superar el 50,01% de la Serie B.
En ese contexto, la operación también puede leerse como una señal política interna. Mosa vuelve a instalar que no está dispuesto a resignarse a un rol secundario ni a convivir con equilibrios inestables dentro de la concesionaria. Su intención es tomar el control, consolidar mayoría y terminar con la fragmentación que ha marcado los últimos años de la administración alba.
El trasfondo de esta decisión, por cierto, excede lo bursátil. En Colo Colo, cada movimiento accionario repercute directamente en la vida institucional y deportiva del club. La conducción de Blanco y Negro no solo define nombres en el directorio o correlaciones de fuerza entre bloques empresariales, sino también el marco en que se adoptan decisiones estratégicas, financieras y deportivas. Por eso, esta nueva OPA no es simplemente una transacción económica: es una ofensiva por el poder real en la estructura que gobierna al club más popular del país.
Así, Aníbal Mosa vuelve a la carga con números contundentes, plazos definidos y un objetivo declarado sin matices. Luego de un primer intento fallido, el empresario decidió insistir. Esta vez, con una oferta por 61.186.470 acciones Serie B, a $162 por papel y con una inversión potencial de casi $9.912 millones, busca por fin lo que hasta ahora se le ha escapado: el control de Blanco y Negro.