Alexis Sánchez fue durante años uno de los mejores futbolistas del planeta. Figura del Arsenal, protagonista en el Barcelona y líder de la generación dorada de la selección chilena, el tocopillano construyó una trayectoria que lo instaló entre los jugadores más importantes de la historia del fútbol nacional. Sin embargo, el último tramo de su carrera parece contar una historia completamente distinta, marcada por una sucesión de decisiones que terminaron por alejarlo del protagonismo que alguna vez tuvo.
Su presente en el Montréal de la MLS es probablemente una de las imágenes más representativas de ese declive. A sus 37 años, Sánchez llegó al fútbol canadiense en agosto de 2026, después de una discreta temporada en el Sevilla, con la expectativa de encontrar tranquilidad y continuidad en una ciudad que parecía ofrecerle el escenario ideal para comenzar a cerrar su carrera. Pero esa elección de vida no terminó por conversar con las exigencias deportivas de su nuevo equipo.
Los números son elocuentes. En 13 partidos disputados con el Montréal, Alexis acumula 730 minutos, sin goles ni asistencias. Su influencia ofensiva ha sido prácticamente inexistente y, lejos de convertirse en el referente que podía esperarse por su trayectoria, terminó perdiendo espacio en un equipo de una liga considerablemente menos exigente que aquellas en las que construyó su prestigio.
El escenario se volvió todavía más incómodo después de las declaraciones del entrenador Philippe Eullaffroy, quien explicó su ausencia en la final del Campeonato Canadiense ante Forge con una frase que refleja el lugar que hoy ocupa el chileno: "No podemos cambiar por hacer jugar al famoso". Una sentencia especialmente dura para quien alguna vez fue una de las grandes estrellas de la Premier League.
Pero lo que sucede en Canadá no es un episodio aislado. Para entender el presente de Sánchez hay que retroceder hasta enero de 2018, cuando decidió abandonar el Arsenal para incorporarse al Manchester United. Fue una transferencia que prometía llevarlo a un nuevo nivel competitivo, pero que terminó convirtiéndose en el primer gran punto de inflexión de su carrera.
Alexis dejó Londres después de haber alcanzado cifras extraordinarias. En la temporada 2016-17, por ejemplo, disputó 51 encuentros, marcó 30 goles y entregó 15 asistencias. Era un futbolista determinante, capaz de resolver partidos y sostener buena parte del peso ofensivo de su equipo. En Manchester, en cambio, nunca consiguió reproducir ese rendimiento.
Su paso por Old Trafford terminó siendo decepcionante y dio inicio a una etapa de constantes cambios de club. Primero llegó al Inter de Milán, donde consiguió recuperar parte de su competitividad y celebrar títulos, aunque sin alcanzar el protagonismo individual de sus mejores años. Luego apareció el Olympique de Marsella, probablemente su última gran temporada como figura indiscutida.
En Francia, durante la campaña 2022-23, Alexis disputó 44 partidos, convirtió 18 goles y entregó tres asistencias. Fue una recuperación futbolística importante, que demostró que todavía tenía condiciones para competir a un nivel exigente. Sin embargo, cuando parecía haber encontrado un lugar donde recuperar continuidad y protagonismo, decidió regresar al Inter.
Aquella elección terminó siendo otro paso discutible. En la temporada 2023-24 jugó 33 encuentros, pero apenas acumuló 1.139 minutos, con cuatro goles y cinco asistencias. Su participación quedó reducida principalmente a un papel secundario, muy distinto al que había desempeñado en Marsella.
Después vino el regreso al Udinese, el club que lo proyectó al fútbol europeo. La historia tenía un componente emocional evidente, pero el resultado deportivo fue nuevamente insuficiente: 14 partidos, 484 minutos y ningún gol ni asistencia durante la temporada 2024-25.
El siguiente destino fue el Sevilla, donde tampoco consiguió recuperar su mejor versión. En 30 encuentros registró cuatro goles y dos asistencias, con 1.405 minutos disputados. Finalmente, en agosto de 2026, apareció la oportunidad de trasladarse a Montréal, una decisión que parecía responder tanto a razones personales como al deseo de encontrar un escenario menos exigente para los últimos años de su carrera.
Y aquí aparece una discusión que va más allá de los números. No tiene nada de malo que un futbolista, después de una trayectoria extraordinaria, decida priorizar su tranquilidad, su calidad de vida o simplemente disfrutar de los últimos años de profesión sin la ambición competitiva de su juventud. Alexis Sánchez no tiene nada que demostrar respecto de su lugar en la historia del fútbol chileno.
El problema aparece cuando esas decisiones personales no encuentran correspondencia con la realidad deportiva. Montréal podía representar una ciudad tranquila y un destino atractivo para comenzar a pensar en el retiro, pero seguía siendo un equipo profesional que necesitaba rendimiento, goles y soluciones futbolísticas. Y hasta ahora Alexis no ha conseguido entregar ninguna de esas respuestas en términos estadísticos.
La paradoja es evidente. El futbolista que alguna vez fue protagonista en el Barcelona, que brilló en la Premier League y que encabezó las mayores conquistas de la selección chilena, hoy debe justificar su presencia en un equipo de la MLS. Ya no se discute si puede marcar diferencias frente a los mejores defensores de Europa, sino si merece un lugar en la formación de un conjunto canadiense.
Sería injusto reducir toda su trayectoria posterior al Arsenal a un fracaso. Hubo títulos en Italia, buenos rendimientos y una destacada temporada en Marsella. Pero también resulta difícil ignorar un patrón de decisiones que, observadas con perspectiva, terminaron por reducir progresivamente su protagonismo.
Quizás lo más triste de este desenlace sea precisamente el contraste con lo que alguna vez representó Alexis Sánchez. Un jugador que hizo de la intensidad, la rebeldía y la ambición sus principales características hoy parece recorrer los últimos metros de su carrera lejos de aquella versión que maravilló al mundo. El retiro del Niño Maravilla no necesita ser glorioso para que su legado permanezca intacto. Sus dos Copas América, sus actuaciones en Europa y su condición de referente histórico del fútbol chileno están fuera de discusión.
Pero hay algo inevitablemente melancólico en observar cómo una de las carreras más extraordinarias que ha producido Chile se acerca a su final entre suplencias, cuestionamientos y una pérdida de protagonismo que parecía impensada hace algunos años. Porque el problema no es que Alexis Sánchez haya envejecido. Eso les ocurre a todos los futbolistas. La pregunta es si, después de abandonar el Arsenal, eligió los caminos correctos para administrar el talento y el prestigio que tanto le costó construir.