El especialista advierte que las justificaciones del técnico tras el Mundial Sub 20 pueden afectar la autopercepción y el desarrollo emocional de los jugadores, reforzando un patrón de negación y frustración.

Tras una bullada eliminación, marcada por la falta de autocrítica de parte del staff liderado por Nicolás Córdova y parte de los jugadores, es importante marcar hacia donde caminará el futuro de esta generación. En esa transición constante será fundamental la evaluación psicológica de un plantel que, seguramente, vivió una experiencia lejos de ser feliz en su casa.
La derrota ante México dejó una serie de reflexiones dentro del entorno del fútbol chileno, especialmente tras las declaraciones del técnico Nicolás Córdova, quien intentó justificar la eliminación de la Roja juvenil apelando a factores externos y de contexto. Para el psicólogo deportivo Alexi Ponce, este tipo de discursos puede tener consecuencias profundas en la mentalidad de los jugadores.
“Cuando los deportistas tienen la capacidad de explicar la realidad, debe ser honesta, sin ocultar lo que pasó”, señaló Ponce, enfatizando que la forma en que se comunican los resultados influye directamente en cómo los futbolistas procesan la experiencia. Según el especialista, una derrota mal explicada o disfrazada de excusas genera más daño que la derrota misma, ya que impide el aprendizaje y refuerza la idea de que los errores se deben a factores ajenos.
El psicólogo advirtió además que el contexto mediático y la exposición en redes sociales aumentan la presión sobre los jóvenes deportistas. “El Mundial no ha terminado y en la mente de los jugadores va a seguir metido en eso por mucho tiempo más”, afirmó, haciendo alusión al impacto emocional que puede prolongarse más allá del torneo.
Para Ponce, la clave está en asumir la responsabilidad y comunicar el proceso con transparencia: “Una derrota bien explicada vale tanto como una victoria. Mostrar que hay un aprendizaje”. De esa manera, agrega, los jugadores pueden transformar la frustración en crecimiento, y el cuerpo técnico, evitar perpetuar un ciclo de excusas que solo debilita la confianza del equipo.