Juan Martín Lucero llegó a Universidad de Chile como una de las grandes apuestas del mercado, con un contrato millonario y el antecedente de haber sido una de las principales figuras de Colo Colo durante 2022. Su contratación prometía goles, jerarquía y soluciones para un ataque que necesitaba un referente. Sin embargo, cuando la temporada entra en su recta final, el argentino está muy lejos de haber respondido a esas expectativas.
Los números son contundentes. En 33 partidos oficiales disputados durante 2026, Lucero registra apenas seis goles y cinco asistencias, acumulando 1.646 minutos en cancha. Es decir, convierte un tanto cada 274 minutos, una producción muy pobre para un futbolista contratado precisamente para marcar diferencias en el área rival.
Y mientras Universidad de Chile se acerca peligrosamente a cerrar otro año sin títulos, el delantero compareció este viernes ante los medios para intentar explicar una temporada que difícilmente puede considerarse satisfactoria.
“Estoy muy feliz, muy contento, hay situaciones que uno no tiene mucho control, se pregunta por qué pasa. Entreno al máximo y a veces las cosas salen, a veces sí, pero mi foco es entrenarme al máximo y esperar que las cosas lleguen”, sostuvo el argentino.
Una explicación que resulta llamativa considerando el momento que atraviesa Universidad de Chile. Porque si bien es cierto que el fútbol no ofrece garantías, tampoco parece suficiente apelar a que las cosas simplemente no resultan cuando un delantero de su trayectoria acumula apenas seis conquistas en toda la temporada.
Lucero profundizó en esa misma línea: “Son momentos, situaciones que a veces no se dan, el fútbol no es matemática, no es que 2+2 es 4, a veces salen y a veces no. No ha salido una buena versión, hay que seguir trabajando”.
El problema es que la temporada está llegando a su fin y esa mejor versión todavía no aparece. La paciencia se agota, los partidos decisivos pasan y Universidad de Chile continúa esperando que su principal apuesta ofensiva alcance el nivel para el que fue contratado.
La derrota por 2-0 ante Deportes Antofagasta, en la ida de los cuartos de final de la Copa Chile, volvió a dejar en evidencia las limitaciones del ataque universitario. Lucero apenas registró 31 contactos con el balón, perdió la posesión diez veces y completó solamente 14 de sus 21 pases, con una precisión del 67%.
Más preocupante todavía fue su participación en campo contrario, donde acertó apenas seis de trece entregas, equivalente al 46%. Aunque aportó dos pases clave, su actuación volvió a quedar lejos de lo que necesita un equipo que aspira a competir por títulos.
Pero sería un error reducir todo el problema ofensivo de Universidad de Chile exclusivamente a Lucero. Javier Altamirano, otro de los futbolistas llamados a asumir protagonismo, también atraviesa una temporada decepcionante. Después de registrar ocho goles y cuatro asistencias durante 2025, este año apenas acumula tres tantos y una habilitación en 29 compromisos.
La caída de ambos futbolistas retrata el deterioro de una ofensiva que Fernando Gago tampoco ha logrado recomponer. La U tiene nombres, experiencia y jugadores que han demostrado condiciones para marcar diferencias, pero como equipo no encuentra funcionamiento ni respuestas cuando necesita resolver partidos importantes.
En ese contexto, las explicaciones de Lucero resultan todavía más difíciles de aceptar. El delantero aseguró comprender las críticas de los hinchas y reconoció que su rendimiento no ha estado a la altura.
“Obviamente a nadie le gusta ser criticado en su trabajo, sea el que sea. Entiendo al hincha, es parte del fútbol, mi año no ha sido el mejor, lo sé, soy autocrítico. Se sale entrenando al máximo, qué voy a hacer, seguir trabajando y entrenando, no puedo hacer más”, declaró.
Quizás esa última frase sea la más reveladora de todas. Porque entrenar al máximo no debería representar una respuesta extraordinaria frente a las críticas, sino una obligación mínima para cualquier futbolista profesional. Mucho más para uno que llegó como refuerzo estelar y cuya misión principal era convertir goles.
La autocrítica de Lucero es necesaria, pero llega acompañada de argumentos que difícilmente pueden satisfacer a una hinchada que esperaba bastante más. No se trata de exigirle que convierta en todos los encuentros, sino de cuestionar por qué un delantero de su experiencia ha tenido tan poca incidencia goleadora durante prácticamente toda una temporada.
Ahora Universidad de Chile debe enfrentar a Ñublense por el Campeonato Nacional, mientras carga con una desventaja de dos goles ante Deportes Antofagasta en la Copa Chile. El margen de error se reduce y el equipo de Gago comienza a quedarse sin oportunidades para rescatar un año marcado por las frustraciones.
Lucero podrá sostener que el fútbol no es matemática y que hay situaciones que escapan de su control. Pero hay una realidad que ninguna explicación consigue modificar: fue contratado para aportar goles y soluciones ofensivas, y hasta ahora ha quedado en deuda.
Porque en el fútbol las cosas efectivamente pueden salir o no salir. El problema es cuando pasan los meses, se acumulan los partidos, desaparecen las oportunidades de ganar títulos y la única respuesta que queda es prometer que se seguirá trabajando.
Para un refuerzo de la categoría y el costo de Juan Martín Lucero, eso simplemente no alcanza.