La eliminación de Estados Unidos del Mundial 2026 no puso fin a la mayor controversia del torneo. Por el contrario, el caso Folarin Balogun continúa escalando y ahora el principal golpe lo recibe Gianni Infantino. El presidente de la FIFA enfrenta el momento más complejo de su gestión después de la decisión de reducir la sanción del delantero estadounidense, una medida que llegó pocos días después de que Donald Trump reconociera públicamente haber conversado con el dirigente sobre el castigo impuesto al atacante.
La determinación de la FIFA desató una ola de críticas en el mundo del fútbol. Federaciones, dirigentes, exárbitros y medios especializados cuestionaron la utilización del artículo 27 del Código Disciplinario para permitir que Balogun disputara los octavos de final, instalando la sensación de que la presión política terminó influyendo en una resolución que debía ser exclusivamente deportiva. Aunque el organismo insistió en que todo el procedimiento se ajustó al reglamento y negó cualquier intervención externa, las explicaciones nunca lograron apagar la polémica.
Ahora, según reveló The Times, las consecuencias comenzaron a sentirse dentro de la propia FIFA. El medio británico sostiene que Infantino mantiene el respaldo suficiente para continuar en el cargo e incluso buscar la reelección el próximo año sin un rival de peso. Sin embargo, el desgaste interno sería profundo y su capacidad para liderar el organismo ya no sería la misma que exhibía hasta antes del escándalo.
La publicación asegura que el presidente suizo perdió la confianza de parte importante de las asociaciones miembro y de personas influyentes dentro de la estructura de la FIFA. Ese debilitamiento político tendría efectos inmediatos sobre los proyectos que buscaba impulsar durante los próximos años. Entre ellos aparece una nueva expansión del Mundial de Clubes, una de las grandes apuestas personales de Infantino, además de cualquier intento por modificar los estatutos del organismo que le permitiera optar a un tercer mandato a partir de 2031.
Una fuente de alto nivel consultada por The Times resumió el ambiente que hoy se vive alrededor del presidente de la FIFA con una declaración demoledora. "La interferencia política en el fútbol no puede ser más evidente que lo que hizo Trump, y los intentos de explicación de la FIFA han sido ridículos. El poder de Infantino se ha evaporado, está muy aislado y será un presidente sin capacidad real de gobernar", afirmó.
La expresión utilizada por esa fuente fue "lame-duck president", un concepto habitual en la política anglosajona para describir a un gobernante que conserva formalmente el cargo, pero que ya no cuenta con la influencia suficiente para imponer su agenda o sacar adelante sus principales iniciativas. En otras palabras, no se trata de una salida inmediata del poder, sino de un liderazgo considerablemente debilitado.
El episodio Balogun ya había provocado una serie de reacciones en distintos rincones del fútbol mundial. Joseph Blatter criticó el manejo del caso, Thomas Tuchel ironizó con que Harry Kane también podría recurrir a Donald Trump para resolver sanciones disciplinarias, Bélgica presentó una reclamación formal por la habilitación del delantero estadounidense y el exárbitro internacional Jonas Eriksson incluso llamó a la UEFA a reaccionar frente a lo que considera un serio deterioro de la credibilidad de la FIFA.
Todo indica que Infantino seguirá siendo el presidente del organismo y encabezará la organización del próximo Mundial. Sin embargo, el caso Balogun parece haber abierto una grieta que no existía hasta ahora. Más allá de conservar el cargo, el dirigente suizo comienza a enfrentar un escenario completamente distinto, con menos respaldo, menos influencia y con una autoridad que, según voces internas citadas por The Times, ya no es la de hace apenas unas semanas.