Lionel Messi ya no juega como hace diez años. Tampoco como hace cuatro. A los 39 años, el capitán argentino entendió que la velocidad ya no pasa por las piernas, sino por la cabeza. Mientras la mayoría de los futbolistas vive el partido a máxima intensidad, él ha transformado las pausas en una de sus mayores fortalezas.
Un análisis publicado por The Athletic reveló un dato tan llamativo como revelador: durante los partidos del Mundial 2026, Messi pasa aproximadamente el 63% del tiempo caminando. Una cifra que, a simple vista, podría interpretarse como el reflejo de un futbolista limitado físicamente, pero que en realidad esconde una estrategia cuidadosamente desarrollada durante los últimos años de su carrera.
No se trata de descansar. Tampoco de desentenderse del juego. Cada paso tiene un propósito. Mientras camina, Messi observa la ubicación de los defensores, analiza cómo se mueve el mediocampo rival, identifica los espacios que comienzan a aparecer y anticipa dónde podrá recibir la pelota con ventaja. Es un proceso de lectura permanente que le permite llegar antes que todos a la jugada decisiva.
Por eso, cuando parece desaparecer del partido, en realidad está recopilando información. Su cuerpo reduce el esfuerzo físico, pero su cabeza trabaja a máxima velocidad. Cuando detecta el momento indicado, acelera durante apenas unos segundos. Generalmente es suficiente para cambiar el rumbo de una jugada o incluso de un partido completo.
El método no es nuevo. En Barcelona ya existían análisis que mostraban largos períodos caminando durante los encuentros. Sin embargo, en este Mundial esa característica se ha vuelto todavía más evidente. La diferencia es que Argentina ha construido un sistema capaz de potenciar esa forma de jugar.
Lionel Scaloni entendió hace tiempo que exigirle a Messi un despliegue físico constante significaría desperdiciar su mayor virtud. Por eso el trabajo defensivo recae principalmente sobre Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez, quienes multiplican esfuerzos para recuperar la pelota mientras el capitán administra sus energías.
La apuesta tiene una lógica sencilla: cada carrera que Messi evita en campo propio puede convertirse minutos después en una aceleración decisiva cerca del arco rival. Argentina acepta defender algunos momentos prácticamente con un hombre menos porque sabe que, cuando el balón llega a su número 10, cualquier acción puede terminar en gol.
Los resultados respaldan esa decisión. Messi llegó a los cuartos de final con ocho goles en el Mundial 2026, igualando a Kylian Mbappé en la lucha por la Bota de Oro. Además, alcanzó los 21 tantos en Copas del Mundo, ampliando un legado que parecía imposible de extender a esta altura de su carrera. Tras la dramática remontada ante Egipto, Lionel Scaloni volvió a defender públicamente el nivel de su capitán y aseguró que sigue siendo "una máquina".
El propio funcionamiento ofensivo de Argentina también favorece esa estrategia. Messi suele retrasar deliberadamente su ingreso al área para atraer marcas, generar dudas entre los defensores y aparecer justo cuando el rival ya perdió las referencias. Incluso cuando no toca la pelota, obliga a varios futbolistas a seguir sus movimientos, liberando espacios para sus compañeros.
Todo esto explica por qué el dato del 63% caminando resulta engañoso. En una época donde se miden kilómetros recorridos, sprints y esfuerzos de alta intensidad, Messi demuestra que la influencia sobre un partido no siempre depende de cuánto se corre. También depende de cuándo se corre.
Esa administración del esfuerzo será nuevamente una de las claves frente a Suiza en los cuartos de final. El conjunto helvético destaca por su disciplina táctica y concede muy pocos espacios, por lo que cada movimiento del capitán argentino cobrará aún más importancia. Probablemente vuelva a caminar durante buena parte del encuentro. Volverá a parecer ajeno al ritmo del partido. Y, muy posiblemente, también volverá a aparecer cuando más lo necesite Argentina.
A los 39 años, Messi ya no intenta ganar los partidos estando en todas partes. Prefiere esperar el instante exacto. Mientras los demás corren detrás del balón, él estudia el partido. Porque entendió que, en el fútbol de élite, pensar un segundo antes puede valer mucho más que correr diez metros más.