No era una final cualquiera. Era, muy probablemente, el último partido de Lionel Messi en una Copa del Mundo. El hombre que llevó a Argentina a conquistar Qatar 2022 buscaba despedirse levantando un segundo Mundial consecutivo, pero el desenlace fue muy distinto. España se impuso por 1-0 y el capitán albiceleste abandonó el campo entre lágrimas, consciente de que acababa de bajar el telón de una carrera irrepetible en el mayor escenario del fútbol.
La emoción del final contrastó con lo ocurrido durante los 90 minutos. Pese a la derrota y a una actuación muy discreta, Messi fue el jugador más ovacionado por los cerca de 80 mil espectadores que repletaron el MetLife Stadium. Cada intervención suya fue seguida con expectación, pero esta vez la magia nunca apareció.
Las estadísticas explican buena parte de esa sensación. Messi terminó la final sin remates al arco, perdió la posesión en 15 ocasiones y registró apenas una acción defensiva durante todo el encuentro. Además, no sumó intercepciones, despejes ni bloqueos, en un partido donde España monopolizó el balón y obligó a Argentina a realizar un enorme desgaste físico.
En ofensiva tampoco consiguió cambiar el rumbo del partido. Completó 26 de sus 32 pases, acertó apenas uno de cuatro envíos largos y uno de cinco centros, además de entregar solo cinco pases en el último tercio de la cancha. Nunca encontró los espacios para desequilibrar y terminó bien controlado por la defensa española.
Durante gran parte del Mundial, Messi administró sus esfuerzos y aun así fue decisivo para conducir a Argentina hasta una nueva final. Sin embargo, esa fórmula no alcanzó en el partido por el título. Frente a un rival que impuso un ritmo intenso desde el inicio, el capitán nunca logró influir como en las rondas anteriores y su escasa participación defensiva quedó especialmente expuesta.
La derrota no borra absolutamente nada de su legado. Campeón del mundo en Qatar 2022, máximo goleador histórico de los Mundiales, dueño de incontables récords y protagonista de seis Copas del Mundo, Messi se despidió del torneo más importante del fútbol con una imagen dolorosa: la de un campeón llorando mientras recibía el reconocimiento de un estadio completo. Una ovación para una leyenda cuya historia ya estaba escrita, aunque el último capítulo no tuviera el final que soñaba.