LaHoradeKingKong.cl
Todo tiempo pasado fue mejor. La frase molesta mucho a las nuevas generaciones, pero antaño ir al estadio era el panorama del fin de semana sin dramas ni dolores de cabeza. Nos preparábamos para asistir y soltar ese desahogo que solo el fútbol puede brindar, no había temores ni aprehensiones de ningún tipo, sólo acumular ilusiones y el grito de gol ahogado por una semana.
La programación la sabíamos desde el lunes por la tarde noche, Oscar Lihn, el funcionario a cargo, tal vez se podía demorar un día o dos, pero luego la certeza era clara, día, hora y lugar confirmados. No había Delegaciones Presidenciales, Planes de Estadio Seguro o cualquier otro tipo de organismo que complicaran la vida y que ahora ya resultan ser un estorbo inútil para poder dar el visto bueno a un partido de fútbol cualquiera. Carabineros mantenía el orden y hacía su labor, resguardar el comportamiento público, sin demandas extras, ni problemas, solo aplicando lo que debe hacer, la autoridad. Ahora al parecer resulta más cómodo evitar el fútbol, porque si bien es una actividad privada, rodea una serie de elementos de índole social que deben ser tratados, al igual que cualquier otro evento masivo como uno musical o concierto, que nunca tiene un reparo para ser manejado ni menos programado.
Había estadios y canchas con pasto natural disponibles, incluso menos recintos que ahora y menos modernos y si uno de esos recintos no estaba en condiciones se programaba en reunión doble y hasta triple. Todo se hacía y terminaba sin problemas.
Compartimos una micro de recorrido habitual o las improvisadas !al estadio, al estadio!, a la que te subías entre una fauna de fanáticos de todo tipo, pero en paz, sin violencia ni temor, salvo dos tres tallas o bromas por tu adhesión al club que ibas a apoyar, a nadie se le habría ocurrido raptar el bus, ni menos ir saltando encima de ellas como un energúmeno descontrolado.
Los más pudientes hacían una “vaca” y se iban en un mismo vehículo aportando para la bencina y sacando por las ventanas las banderas de la U, Colo Colo, la UC, Palestino, Unión o el equipo que fuera, transitando felices por las arterias de Santiago, sin temor a que un desadaptado en la calle se sintiera herido en su amor propio por tener un gusto diferente y te lanzara una piedra o cualquier objeto contundente.
Hablar otrora de un partido como Coquimbo y O’Higgins era, y lo digo con respeto, casi irrelevante en la programación, el partido casi se hacía solo y en cualquier estadio. Ahora las autoridades no sólo de este gobierno, sino que de varios atrás han demostrado que no están a la altura de un evento la verdad menor, con una incapacidad de adelantarse a los hechos y una resolución final que resulta de un fracaso abrumador para la ilusión de los pensamos cada día con más fuerza… ¿Qué te hicieron fútbol chileno?