No hay grandes diferencias de nombres entre del Colo Colo que quedó eliminado en octavos de final de la Copa Libertadores 1990 contra Vasco da Gama y el que ganó la misma Copa, menos un año después, frente al campeón vigente Olimpia de Paraguay. Daniel Morón, Lizardo Garrido, Eduardo Vilches, Rubén Espinoza, Javier Margas, Jaime Pizarro, Marcelo Barticciotto, Ricardo Dabrowski, Rubén Martínez, Raúl Ormeño y Miguel Ramírez fueron algunos de los que se repitieron entre una y otra temporada.
Aquella derrota por lanzamientos penales contra los brasileños el 15 de agosto de 1990 significó no sólo un golpe durísimo para el club, sino que también dejó instalada la idea que un grupo importante de esos jugadores que habían desperdiciado una ventaja 3-1 en el Estadio Nacional ya habían agotado todas sus posibilidades por Colo Colo a nivel internacional tras fracasar consecutivamente en seis Copas Libertadores consecutivas. Más de un crónica periodística dio por sentenciado al plantel.
Entonces tomó las riendas Mirko Jozic e hizo algo que en el fútbol chileno muy pocos se atreven: intervenir. El 5 de junio de 1991 ese plantel que había sido jubilado por una parte de la prensa, con apenas la incorporación de Patricio Yáñez y Gabriel Mendoza, estaba dando la vuelta olímpica con la copa que se mira y no se toca ante 70 mil personas en el Estadio Monumental.
Mirko metió mano a fondo: a Lizardo Garrido lo retrasó diez metros y lo puso de líbero, a Rubén Espinoza lo sacó de lateral derecho y lo mandó a jugar de enganche, a Eduardo Vilches de zaguero central lo transformó en volante central, a Jaime Pizarro de volante mixto a carrilero por izquierda, a Javier Margas de torpe lateral izquierdo a eficiente stopper, a Marcelo Barticciotto lo mandó a la punta izquierda en varios partidos, Yáñez contra Boca en Santiago empezó jugando por el medio...
Un lateral que de repente es el enganche, un volante diestro de ida y vuelta que después de diez años de carrera tiene que cubrir toda la banda izquierda, un defensa central eficaz que se transforma en un volante de marca impasable... Mirko hizo la magia de transformar los nombres propios en un sistema de juego ganador. Y con jugadores veteranos, con mucho recorrido, a los que prácticamente los reinventó. Un ejemplo que ahorra tinta: las dos mejores temporadas de Lizardo Garrido fueron 1981 como un joven lateral derecho y 1991 como un elegante y sincronizado líbero. Es decir, Mirko lo llevó a su máximo rendimiento a los 35 años.
No hay mejor Rubén Martínez que el de 1991, no hay mejor Gabriel Mendoza que el de 1991, no hay mejor Miguel Ramírez que el de 1991, no hay mejor Eduardo Vilches que el de 1991... Mirko Jozic, hoy celebrado y reconocido, fue en Colo Colo mucho más que un técnico ganador, fue un hombre que rompió convenciones y atavismos, un revolucionario que, acaso, nunca supo que había provocado una revolución.