En estos años de borrasca para la selección chilena aparece una y otra vez, cuando el entrenador está colgando, la candidatura del argentino-boliviano Gustavo Quinteros. La "vieja confiable" a la hora levantar nombres sin sustento y llenar el lugar con humo. Hasta esta semana no pasó de un rumor que iba, venía y desaparecía. Cambió el jueves cuando el editor de la página web Redgol Felipe Escobillana aseguró que Felipe Correa, gerente de selecciones chilenas, se iba a reunir con Quinteros para conversar sobre su posible llegada a la selección chilena adulta.
En primer lugar es necesario preguntarse ¿Por qué Correa habría de negociar con un entrenador ahora? Justo en el momento en que hay desatada entre dos candidatos una disputada y dura carrera electoral para controlar la ANFP y el actual presidente de la entidad Pablo Milad mira con distancia mientras prepara su salida ¿En nombre de quién negocia Correa con Quinteros? ¿Yunge? ¿Milad? ¿Uauy? ¿Tagle? ¿La suya?
En lo que concierne a Gustavo Quinteros puntualmente ¿Por qué habría de ser una solución para la Roja alguien con tan malos números a nivel internacional? Vamos a lo más reciente: Colo Colo. Entre la Copa Libertadores y la Sudamericana jugó 17 partidos, ganó cinco, empató tres y perdió nueve. El rendimiento es bajísimo: 35,3%. Nunca pasó de ronda y tuvo noches vergonzosas, como cuando fue goleado por los suplentes del colista del Brasileirao, América Mineiro, en la Copa Sudamericana 2023.
Cuando se le pasaron selecciones nacionales los números son peores: entre Bolivia (2010-2012) y Ecuador (2015-2017) alcanza apenas un 34,6 de rendimiento con 49 partidos jugados, 13 triunfos, 12 empates y 24 derrotas. Con Ecuador comenzó muy bien la eliminatoria rumbo a Rusia 2018, pero se vino abajo y fue despedido antes que terminara la serie.
Me parece que los números son bastante claros, pero los problemas con Quinteros no terminan ahí. Además de su oscura relación con representantes a la hora de conformar planteles, como lo denunció el CSD Colo Colo en su momento y fue evidenciado en sus fotos almorzando con Fernando Felicevich, el argentino representa todo lo que no necesita la selección chilena hoy: un viejo lobo de mar, con la carrera hecha, mañoso, que enchufa a sus hijos en los cuerpos técnicos, que nunca acepta responsabilidad alguna y siempre está sospechado de meter las manos al cajón. Un Gareca pero peor, más maleado y más oscuro.
Con todo esto sobre la mesa, es desolador que desde la gerencia de selecciones se mire hacia el pasado brumoso pensando en soluciones para el mañana ¿O alguien mandó mirar Felipe Correa?