¿De qué se puede quejar hoy un hincha de Coquimbo Unido? Probablemente de muy poco. Deportivamente, el cuadro Pirata atraviesa un período que generaciones completas de coquimbanos esperaron durante toda una vida y que parecía difícil imaginar apenas algunos años atrás. Hoy el club no solamente compite, sino que se acostumbró a hacerlo por cosas importantes.
En 2025 fue campeón de Primera División por primera vez en su historia. Esta temporada disputó la Copa Libertadores y llegó hasta los octavos de final, instalándose entre los 16 mejores equipos del continente, y todavía tiene otra posibilidad concreta de levantar una copa: Coquimbo Unido es finalista de la Copa de la Liga. Difícil pedir mucho más.
Por eso resulta todavía más incomprensible lo sucedido ante Huachipato. Con los acereros ganando por 1-0, bombas de estruendo lanzadas desde el sector ocupado por hinchas locales explotaron cerca del arquero Christian Bravo, quien terminó afectado por el incidente. La gravedad de la situación llevó al árbitro Nicolás Gamboa a suspender el encuentro.
Todo esto ocurre mientras Coquimbo atraviesa probablemente el mejor ciclo deportivo de su historia. Su equipo gana, pelea campeonatos, disputa finales y representa al club internacionalmente. Hay generaciones de hinchas que esperaron décadas para poder vivir algo semejante y que hoy deberían estar preocupadas únicamente de disfrutarlo.
Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿qué más tiene que pasar dentro de una cancha para que algunos simplemente se dediquen a alentar? Porque quizás ahí esté el verdadero problema. Para quienes protagonizan este tipo de incidentes, aparentemente lo que ocurre durante los 90 minutos dejó de ser lo verdaderamente importante.
El hincha que acompañó a Coquimbo durante décadas, que sufrió descensos, malas campañas y años sin siquiera imaginar un título de Primera División, seguramente estará furioso. Después de esperar toda una vida por este momento, ahora puede terminar pagando las consecuencias por actos protagonizados por personas que supuestamente dicen defender los mismos colores.
Lanzar una bomba de estruendo cerca de un futbolista rival no significa ser más hincha. Tampoco es pasión desbordada ni una particular manera de defender una camiseta. Mucho menos cuando la consecuencia puede ser una sanción que perjudique directamente al club y a miles de personas que no tuvieron absolutamente ninguna participación en los incidentes.
Eso es antifútbol. Es ir al estadio buscando algo diferente a disfrutar un partido. Es poner la violencia, el protagonismo personal o simplemente la irresponsabilidad por encima del equipo que supuestamente se pretende apoyar. Porque si realmente importara Coquimbo Unido, hoy habría motivos de sobra para estar mirando solamente hacia la cancha.
Coquimbo necesitó décadas para llegar hasta acá. Fue campeón por primera vez, se instaló entre los 16 mejores de América y todavía tiene una final por disputar. Por eso la pregunta sigue siendo la misma: ¿de qué se puede quejar hoy un hincha de Coquimbo Unido?
Si todo aquello no alcanza para dedicarse simplemente a disfrutar y alentar al equipo, quizás la explicación sea mucho más sencilla. El problema nunca fue lo que estaba pasando dentro de la cancha, porque a quienes protagonizan estos hechos el fútbol, sencillamente, parece no interesarles.