Photosport
Nadie hubiese apostado hace cuatro o cinco fechas que Marco Bolados iba a ser el hombre clave en la obtención de 35º título de Colo Colo. Lesionado gran parte de la temporada, finalizada la primera rueda se lo daba por transferido... Y ahí estuvo en los descuentos contra Ñublense para anotar el gol del campeonato cuando parecía que el cuadro albo tendría que esperar dos semanas das para dar la vuelta olímpica.
Pero así como Bolados fue la solución esta tarde en un tramo importante del campeonato lo fue Maximiliano Romero (sobre todo con Correa lesionado) o Felipe Raipán o Francisco Marchant o Gedeón Díaz o Lautaro Pastrán o Leandro Hernández o incluso Yastin Cuevas en el comienzo de la temporada. Fernando Ortiz siempre tuvo una solución cuando las lesiones, las baja de rendimiento o las suspensiones resentía al equipo.
Lo mismo en el fondo donde el promisorio Diego Ulloa se quedó con la camiseta de titular ante el bajón de Wiemberg, Alonso Olguín tapó alguna ausencia, Jonathan Villagra logró una titularidad incuestionable o Jeyson Rojas se quedó con la banda derecha que era para Matías Fernández ¿Seguimos? Cristián Díaz que respondió siempre que lo pusieron, Álvaro Madrid que demostró que la camiseta de Colo Colo no le quedaba grande o Víctor Felipe Méndez quien tuvo un renacimiento en los albos luego de andar perdido en Rusia.
Esa profundidad de plantel hizo que el fantasmal aporte de Claudio Aquino no hiciera daño, que Arturo Vidal no tuviera que echarse el equipo al hombro o se creara una dependencia de los goles de Javier Correa. Incluso, como pocas veces, Colo Colo pudo darse el lujo de poner tres arqueros durante el campeonato (De Paul, Maureira y Vozinha), sin que esta rotación afectara el rendimiento.
La diferencia se marca en la cancha, pero también a la hora de elegir y la forma en que se trabaja en cadetes. Y ahí Fernando Ortiz y Colo Colo le sacaron una ventaja contundente a sus rivales.